Carta desde el corazón: Para ti, mamá
Hoy escribo desde un rincón profundo de mi alma… ese donde se guardan los recuerdos que no se desvanecen, las palabras que quedaron por decir y los abrazos que aún viven en la memoria.
Cierro los ojos y te veo. Te veo en los rincones de casa, en tu forma de caminar con calma, en tu risa que llenaba el aire, en tu mirada que siempre sabía lo que yo necesitaba. Te siento en la cocina, en tus manos que sabían curar, en el silencio que acompañaba, en la fuerza con la que enfrentaste la vida cada día.
Hay momentos en los que el corazón se aprieta de añoranza. A veces por cosas tan simples como el aroma de un platillo tuyo, una canción que escuchabas, o una frase que decías sin darte cuenta. Y entonces vuelves. Vuelves en el recuerdo, en los gestos, en lo que soy gracias a ti.
Tu amor fue abrazo y escudo. Nunca necesitaste muchas palabras para enseñarme lo importante: cuidar, respetar, agradecer, mantenernos unidos. Fuiste raíz, guía y hogar. Todo lo que soy está atravesado por tu entrega.
Te extraño todos los días, incluso en los más alegres. Porque la vida sigue, sí, pero no igual. Aprendí a llevarte conmigo de otra manera. En los valores que me dejaste. En las decisiones que tomo pensando en lo que tú hubieras hecho. En la forma en que trato de amar, como tú lo hiciste: con todo, sin medida.
Hoy solo quiero decirte gracias. Por lo que fuiste, por lo que diste, por lo que sembraste. Gracias por enseñarme que el verdadero amor es silencioso, firme, y eterno. Y aunque no pueda verte, sé que estás conmigo… porque el amor nos une eternamente, mamá.


